El nombre
Mandorla viene de almendra, en italiano. Un nombre que apareció en un momento de apertura personal muy profundo, de vínculo intenso con una cultura, su música y su forma de vivir. Lo probé en varios idiomas hasta encontrar el que se sentía correcto y en italiano, además de sonar bien, se leía y escribía lindo.
Después descubrí que mandorla también es un símbolo de unión y equilibrio entre lo físico y lo espiritual. No lo planeé, pero terminó siendo exactamente lo que quiero que esta marca represente.
Cómo empezó
Mandorla nació hace casi ocho años, cuando empecé a tomar clases de marroquinería avanzada. En ese momento era solo un hobby, pero sentí la necesidad de ponerle nombre a lo que estaba creando, de empezar a construir algo propio.
En 2020 decidí tomarlo en serio. Abrí el Instagram, empecé a darle forma consciente a la marca, y la pensé como algo que quería sostener en el tiempo, no como algo pasajero.
Un nombre para cada pieza
Cada cartera de Mandorla tiene un nombre propio. No es un detalle decorativo, es una forma de honrar a las personas que me atravesaron.
Una de mis piezas más importantes lleva el nombre de mi abuela. Otra, el de mi tía, que me enseñó a coser y a leer moda desde que tengo memoria. Cada nombre es un homenaje, y cada pieza, una manera de llevar esa historia conmigo, y de compartirla con quien la elige.